
Engañado, manipulado, manejado, estafado y defraudado es como se siente un joven de hoy cuando despierta del sueño y de la falsedad que el mundo consumista, que los medios de comunicación, que una enseñanza sin valores, sin moral ha creado.
Pasamos mucho, demasiado tiempo rodeados de charlatanes sin escrúpulos, de gurús y modelos erróneos, de mentiras y alabanzas falsas, de promesas de éxito trasnochado.
A los jóvenes de hoy se les engaña mostrando que el éxito es salir en el papel couché ó protagonizar un minuto de gloria televisiva. Nos presentan a hombres, mujeres y viceversa; ó a modelos sociales que son las dos cosas veces a la vez; o ninguna, qué se yo…
Nos instalan e insertan en un proceso consumista desalmado. Comprar, comprar, comprar es el único eslogan posible; el dinero es el Mesías que todo lo soluciona y muchos pasaremos toda una vida hipotecados y explotados por una sociedad que no tiene sentido.
Ya nada es bueno, ni malo. De hecho ya nada existe y nada tiene importancia. No existen las ideas, ni los sentimientos. Y se ha insertado en el joven la destrucción de su alma: el vacío. Las cosas y los actos no son ni más ni menos, de hecho… realmente, ya no son nada. ¡Qué más da¡ , pensarán algunos… y ese es el problema.
Las drogas campan a sus anchas por las noches de cualquier ciudad y muchos confunden el amor, con un simple minuto de compañía para llenar esa sensación de soledad y vacío que acompaña a la vida sin compromisos.
Nos venden el camelo de la fortaleza sentimental y de la indiferencia extrema. Como si hoy en día el ser susceptible, sensible o romántico fuera el peor de los pecados.
La vida tiene sentido, que tiene contenido, que las respuestas profundas tienen respuesta y que si uno no ha acertado a encontrarlas, lo que debe hacer es seguir buscando. Porque la Verdad existe, lo aseguro, sólo que para toparse con ella hay que querer encontrarla.



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